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lunes, 25 de noviembre de 2013

Las Hormigas..








En un lugar muy lejano, los gemelos Mati y Martina, junto a toda su familia, celebraban las maravillosas notas con las que había concluido sus estudios uno de sus primos mayores. Terminado el festejo, los mayores y los niños, se  fueron distribuyendo por los diferentes lugares de la casa.
Mientras los adultos charlaban animadamente, los niños correteaban felices por el jardín, jugando a sus juegos favoritos. De repente, uno de los pequeños, se paró a observar a una enorme fila de hormigas, que transportaban sobre su diminuto cuerpecito, pequeñas cantidades de comida.






Al ver la rapidez de sus movimientos, agarró una para verla mejor y sin mediar palabra, intento pisotearla. Afortunadamente para la hormiga, la madre de David y Andrés, se dio cuenta de sus intenciones y  le detuvo antes de que pudiera pisarla.
Ante su cara de desconcierto le dijo:
-¿Es qué no ves que las hormigas están trabajando para reunir comida para pasar el invierno? Deja de molestarlas, pues no van a hacerte daño, y aprender de ellas, puesto que son uno de los animales más trabajadores y fuertes que existen en la naturaleza.
Arrepentido por la mala acción que iba a cometer, prometió junto a los demás niños protegerlas y proporcionarles el alimento que tanto necesitaban.












¡Feliz Cumpleaños!






Nico, era uno de esos niños, que prefería pasar horas y horas jugando con su computadora antes que salir a disfrutar del aire libre junto a sus compañeros de clase. Tantas horas pasaba encerrado, que su piel tenía un color tan blanco como la leche.

Los días pasaban y la única preocupación del pequeño, era tener juegos nuevos para su más preciada posesión. Tal era su obsesión, que al llegar su cumpleaños, lo único que les pidió a sus padres, un videojuego de marcianos y un ratón que fuera más preciso que el que tenía.

Preocupados por el estado del pequeño, decidieron montar a sus espaldas una gran fiesta de cumpleaños, para intentar a alejarle de tan peligrosa afición.  Cuando llegó el gran día y Nico bajó a desayunar, sus padres le obsequiaron con un bonito pez de colores como regalo. Muy enfadado por no encontrar lo que deseaba, se dirige hasta el jardín.

Allí, junto a una gran cantidad de globos, luces y serpentinas, se encuentra con una enorme fiesta, en la que están invitados todos sus compañeros de clase y en la que una gran tarta lleva escrito su nombre. Fue entonces, cuando se dio cuenta de lo equivocado que había estado todo este tiempo y de lo mucho que le gustaba jugar con sus amigos.

Desde ese día, Nico sale a jugar con sus amigos y usa su computadora durante muy poco tiempo.















sábado, 16 de noviembre de 2013

Para saludar a la Bandera


                     SALUDOS A LA BANDERA




                            

Mi bandera es celeste y blanca,
se parece al cielo y la escarapela,
cuando sopla el viento, se mueve y mueve,
parece una ola, cuanto que mueve la cola.
Mi bandera tiene un sol brillante
que alumbra las mañanas y me da calor...

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Por una escalerita muy alto subiré,
a busacar una nube blanca
y con un pedacito de cielo formaré
la bandera de mi patria.

Sopla, sopla el viento
brilla, brilla el sol
para que ella juegue feliz.
Muy cerquita tuyo quiero crecer,
banderita yo te cuidaré.

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Quien dijo que yo no sé,
cuál es la bandera mía,
si aquí en el jardín de infantes,
la aprendí desde el primer día.
Ya sé que tiene tres franjas,
que Belgrano la creó,
con el celeste y el blanco,
que el mismo cielo le dio.
Ya ven cómo lo sabía,
ya ven cómo lo aprendí
por eso todos los días,
le tiro un besito así.

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Una mañana de junio
se escapó mi barrilete
a navegar por el cielo
de color azul celeste.
Pero justo el día 20,
al salir por mi ventana,
vi al barrilete viajero
sentadito en una rama.
Me traía de regalo
-porque sabe que me encanta-
el mejor de los regalos:
¡la bandera celeste y blanca
la bandera celeste y blanca!

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Te saludo Banderita,
te regalo mi canción
y te digo que te llevo
siempre en mi corazón.

Sube, sube despacito,
hasta el cielo llegarás.
Igual que mi barrilete
con el viento jugarás.
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A mi Bandera yo la quiero tanto
siempre la llevo en mi corazón
son sus colores blanco y celeste
y como el cielo ella tiene un sol.

A orillitas del Paraná
un lindo día hace mucho ya,
mirando al cielo se inspiró
Manuel Belgrano, su creador.

A mi bandera yo siempre le canto
todos los días que vengo al jardín
y me emociono al ver cómo flamea
¡es la Bandera de mi país!




                             CANCIONES DE ANIMALES

Doña gata

Doña gata y sus gatitos
De paseo ya se van
Los bigotes enrulados
Y moñitos de percal.


                      




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Doña Pata

Doña pata tiene 10 lindos patitos
Todos obedientes, todos  muy  bonitos
Uno a atrás del otro, tras de la mamá
Uno atrás de otro, hacia el lago van…




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Balú y Negrú

Balú el osito blanco,
Con sus manos hace asi
Se protege cuando llueve
Se divierte en la nieve,
Se rasca la nariz
Y vive muy feliz.
Negrú el osito negro,
con sus manos hace así,
da patadas en el suelo
las levanta hasta el cielo,
Se rasca la nariz
Y vive muy feliz.



                                







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Cinco ratoncitos

Cinco ratoncitos de colita gris,
mueven las orejas, mueven la nariz,
abren los ojitos, comen sin cesar,
por si viene el gato, que los comerá,
comen un quesito, y a su casa van,
cerrando la puerta, a dormir se van.


                  





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El delfín

El delfín Benjamín nada en el agua.
Y no quiere salir.
La vaquita Margarita está llena de manchitas
por toda su pancita.
El monito Manolito se come la banana
y después se va a la cama.
La abeja más vieja
vuela con sus alas para arriba y para abajo.


                       

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El pollito Lito

El pollito Lito en su cascarón
duerme calentito en su colchón.
Le crecen las alas y quiere volar
le crece el piquito y quiere picotear,
le crecen las fuerzas, rompe el cascarón.
El pollito Lito ha nacido hoy.



                   






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El ciempiés

El ciempiés es un bicho muy raro:
parece que fueran muchos bichos atados.
Yo lo miro y me acuerdo del tren,
le cuento las patas y llego hasta cien.



                                  

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La pulga aventurera

Una pulga aventurera
decidió salir de viaje.
Preparó su equipaje
y a la puerta se asomó.
Vino un perro muy lanudo
caminando muy tranquilo,
¡uy, ya viene el colectivo!
dijo la pulga, y saltó.
Y así si si, viajó jo jo
en la oreja de un perro lanudo,
la pulga ga viajera ra
quién sabe hasta dónde llegó.

                                   



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Yo tengo un sapo

Yo tengo un sapo, sapo, sapo
que nadaba en el río, río, río
con un traje verde, verde, verde
se moría de frío, frío, frío.
La señora sapa, sapa, sapa
fue y le preguntó to, to,
si tenía un amigo, igo, igo:
¡y ese sos vos! (señalando).


                    



                 

¡Cantemos! Baila Muñequita

¡Baila, muñequita!









-Sí, es una canción para las niñas muy pequeñas -aseguró tía Malle-. Yo, con la mejor voluntad del mundo, no puedo seguir este «¡Baila, baila, muñequita mía!» -Pero la pequeña Amalia si la seguía; sólo tenía 3 años, jugaba con muñecas y las educaba para que fuesen tan listas como tía Malle.
Venía a la casa un estudiante que daba lecciones a los hermanos y hablaba mucho con Amalita y sus muñecas, pero de una manera muy distinta a todos los demás. La pequeña lo encontraba muy divertido, y, sin embargo, tía Malle opinaba que no sabía tratar con niños; sus cabecitas no sacarían nada en limpio de sus discursos. Pero Amalita sí sacaba, tanto, que se aprendió toda la canción de memoria y la cantaba a sus tres muñecas, dos de las cuales eran nuevas, una de ellas una señorita, la otra un caballero, mientras la tercera era vieja y se llamaba Lise. También ella oyó la canción y participó en ella.
¡Baila, baila, muñequita,
qué fina es la señorita!
Y también el caballero
con sus guantes y sombrero,
calzón blanco y frac planchado
y muy brillante calzado.
Son bien finos, a fe mía.
Baila, muñequita mía.
 
Ahí está Lisa, que es muy vieja,                                                                                                         
          

aunque ahora no semeja,
con la cera que le han dado,
que sea del año pasado.
Como nueva está y entera.
Baila con tu compañera,
serán tres para bailar.
¡Bien nos vamos a alegrar!
Baila, baila, muñequita,
pie hacia fuera, tan bonita.
Da el primer paso, garbosa,
siempre esbelta y tan graciosa.
Gira y salta sin parar,
que muy sano es el saltar.
¡Vaya baile delicioso!
¡Son un grupo primoroso!
Y las muñecas comprendían la canción; Amalita también la comprendía, y el estudiante, claro está. Él la había compuesto, y decía que era estupenda. Sólo tía Malle no la entendía; no estaba ya para niñerías.
-¡Es una bobada! -decía. Pero Amalita no es boba, y la canta. Por ella es por quien la sabemos.

¡Que alguien mueva esa sandía!


¡Que alguien mueva esa sandía!





En la Gran Bañera del Bosque vivían cientos de pequeños insectos y bichitos. Era una simple bañera abandonada, pero resultaba un lugar perfecto para vivir, donde solo había que tener cuidado con el desagüe de la bañera para que no quedara obstruido y una lluvia inoportuna los hiciera morir ahogados. Por eso los forzudos escarabajos eran los encargados de vigilar el desagüe.
Pero una mañana, el desagüe amaneció taponado por una enorme sandía ¡Qué tragedia! Era una fruta tan grande que ni el escarabajo más grande, ni los cinco escarabajos más grandes, ni siquiera todos los escarabajos juntos, pudieron apartarla de allí.
Los insectos más fuertes pusieron toda su energía en la tarea, pero no consiguieron nada. Los más listos aplicaron su inteligencia a encontrar soluciones, y tampoco tuvieron éxito. Finalmente, los más sabios comenzaron a organizar la huida.Y en medio de tantas penas, una ridícula hormiga extranjera se atrevió a decir que si le dejaban llevarse la sandía ¡Qué graciosilla!
Hicieron falta muchos insectos para calmar a los escarabajos e impedir que aplastaran a la chistosa hormiguita. Pero resultó que la hormiga no estaba bromeando, porque al final del día apareció acompañada por miles y miles de compañeras. Y en perfecto orden, cada una se acercó a la sandía, mordió su trocito, y se lo llevó por donde había venido.
- ¡Pero si así no avanzáis nada! - le dijo un saltamontes a una hormiga que paró un segundo a descansar -. La sandía está igual ahora que antes de tomaras tu trocito.
- ¿Segurrrro? Humm...- respondió con un extraño acento, como si nunca lo hubiera pensado. Y, sin darle más importancia, retomó su marcha.
Pero algo debió hacer aquel trocito, porque solo unos días después no quedaba ni rastro de la gran sandía. Y desde entonces, muchas de las tareas más pesadas en la Gran Bañera se convirtieron en pequeñas, diminutas tareas, que se hacían mejor poquito a poco.





El dragón Nube

El dragón nube



En las oscuras tierras de las brujas y los trolls, vivía hace mucho tiempo el dragón más terrible que nunca existió. Sus mágicos poderes le permitían ser como una nube, para moverse rápido como el viento, ser ligero como una pluma y tomar cualquier forma, desde una simple ovejita, a un feroz ogro. Y por ser un dragón nube, era el único capaz de lanzar por su boca no sólo llamaradas de fuego, sino brillantes rayos de tormenta.
El dragón nube atacaba aldeas y poblados sólo por placer, por el simple hecho de oír los gritos de la gente ante sus terribles apariciones. Pero únicamente encontraba verdadera diversión cada vez que los hombres enviaban a alguno de sus caballeros y héroes a tratar de acabar con él. Entonces se entretenía haciendo caer interminables lluvias sobre su armadura, o diminutos relámpagos que requemaban y ponían de punta todos los pelos del valiente caballero. Luego se transformaba en una densa niebla, y el caballero, sin poder ver nada a su alrededor, ni siquiera era consciente de que la nube en que estaba sumergido se elevaba y echaba a volar. Y tras jugar con él por los aires durante un buen rato, hasta que quedaba completamente mareado, el dragón volvía a su forma natural, dejando al pobre héroe flotando en el aire. Entonces no dejaba de reír y abrasarlo con sus llamaradas, mientras caía a gran velocidad hasta estamparse en la nieve de las frías montañas, donde dolorido, helado y chamuscado, el abandonado caballero debía buscar el largo camino de vuelta.
Sólo el joven Yela, el hijo pequeño del rey, famoso desde pequeño por sus constantes travesuras, sentía cierta simpatía por el dragón. Algo en su interior le decía que no podía haber nadie tan malo y que, al igual que le había pasado a él mismo de pequeño, el dragón podría aprender a comportarse correctamente. Así que cuando fue en su busca, lo hizo sin escudo ni armaduras, totalmente desarmado, dispuesto a averiguar qué era lo que llevaba al dragón a actuar de aquella manera.
El dragón, nada más ver venir al joven príncipe, comenzó su repertorio de trucos y torturas. Yela encontró sus trucos verdaderamente únicos, incluso divertidos, y se atrevió a disfrutar de aquellos momentos junto al dragón. Cuando por fin se estampó contra la nieve, se levantó chamuscado y dolorido, pero muy sonriente, y gritó: “ ¡Otra vez! ¡Yuppi!”.
El dragón nube se sorprendió, pero parecía que hubiera estado esperando aquello durante siglos, pues no dudó en repetir sus trucos, y hacer algunos más, para alegría del joven príncipe, quien disfrutó de cada juego del dragón. Éste se divertía tanto que comenzó a mostrar especial cuidado y delicadeza con su compañero de juegos, hasta tal punto, que cuando pararon para descansar un rato, ambos lo hicieron juntos y sonrientes, como dos buenos amigos.
Yela no sólo siguió dejando que el dragón jugara con él. El propio príncipe comenzó a hacer gracias, espectáculos y travesuras que hacían las delicias del dragón, y juntos idearon muchos nuevos trucos. Finalmente Yela llegó a conocer a la familia del dragón, sólo para darse cuenta de que, a pesar de tener cientos de años, no era más que un dragón chiquitito, un niño enorme con ganas de hacer travesuras y pasarlo bien.
Y así, pudo el príncipe regresar a su reino sobre una gran nube con forma de dragón, ante la alegría y admiración de todos. Y con la ayuda de niños, cómicos, actores y bufones, pudieron alegrar tanto la vida del pequeño dragón, que nunca más necesitó hacer daño a nadie para divertirse. Y como pago por sus diversiones, regalaba su lluvia, su sombra y sus rayos a cuantos los necesitaban.

Por favor

                                                                Don Por Favor






Un cuento en verso para enseñar a los más pequeños a pedir las cosas por favor y con una sonrisa.

Don Por favor es un duendecillo
que gran magia sabe hacer.
Vive en boca de los niños
y de sus papás también.

Él se divierte jugando
y tras la lengua se esconde
de diente en diente, saltando
por nuestras boquitas corre.

Es rápido como un rayo
y un poquito vanidoso
Por eso, cuando lo llamo,
siempre viene presuroso

Y es tan grande su alegría
al oír su nombre al viento
que me regala su magia
como un agradecimiento.

Así lo que haya pedido
poco antes de nombrarle
aparecerá cumplido
sin que tenga que esforzarme.

Muchos no quieren llamarlo,
o se ponen a dar gritos,
o lo hacen enfadados.
Y así, él no está a gustito.

Y entonces piensa el buen duende,
"¡qué boca tan aburrida!,
pensaba quedarme siempre
¡pero me voy enseguida!"

Don Por favor huye entonces,
dejando solito al niño;
irá a buscar otras bocas
que le traten con cariño.

Por suerte hay niños más listos
que cuando piensan nombrarle
recuerdan que hay que decirlo
¡con la sonrisa más grande!

Aprende bien la lección:
no te enfades ni des gritos;
si este cuento te gustó
con gusto te lo repito.
¡Y con muchísimo amor!
Pero pon la cara alegre
y acordándote del duende

pídemelo POR FAVOR.